Algunos (sobre todo los hoteleros a partir de Vinaroz) se

Las cruces


Algunos (sobre todo los hoteleros a partir de Vinaroz) se regocijan por el espectáculo de lazos amarillos y cruces en las playas de Cataluña. Hace unos días fue en la playa gerundense de Llafranc. Días después, en Canet del mar (Barcelona).

Por si no lo han recibido en algún vídeo viral: los nacionalistas siembran la arena con cientos de cruces en las que ufanos escriben "Democracia" y "Libertad", un guiño, desde luego, poco sensible (y muy torpe) a los muertos (porque aquello parece Arlington) y a los ciudadanos que de verdad han vivido en una dictadura.

Será interesante comprobar cómo los turistas desisten de ir a Cataluña también en verano. Chapotear en un cementerio es una parafilia particularmente inusual. Aunque eso es en lo que desgraciadamente se ha convertido el nacionalismo. Una pulsión irracional.

Piensan que es mejor que no vayan turistas. Menos bestezuelas (en argot Torra, los castellanohablantes) con las que rozarse a ras de playa. Ya no se trata del Tourist go home sino de echar a los españoles.

Es evidente que una parte importante de Cataluña comparte la visión súper racista (mejor que supremacista) de su president. También la certeza de que los que clavan las cruces como niños jugando en la playa con su palita y el rastrillo, son luchadores por la democracia.

En cualquier caso (y que tomen nota en Bélgica y Alemania), se trataría de una democracia en la que la mayoría de los ciudadanos espera ávido que el yerno del anterior Rey ingrese en prisión. (Aunque desde 2011 eso que llaman opinión pública -con l- condenó a los ex duques de Palma). También en la que el partido en el Gobierno y su tesorero han sido condenados. ¿Acaso no hemos estado hablando todos estos años de que Bárcenas se libraría de prisión a cambio de su silencio? Pues le han caído 33 años. Y mientras algunos en Bruselas (entre ellos el rapero Hasel, Beatriz Talegón y un "representante" de TV3) hablan de la falta de Libertad de Expresión en España, todos los medios de comunicación siguen contando la vicisitudes de la instrucción de Zaplana (otro miembro del partido en el Gobierno) que paradójicamente, como otras tantas investigaciones abiertas, está bajo secreto de sumario.

Parece poco probable que el nacionalismo vuelva a entrar en la senda de la legalidad. Por eso es una pena que ninguno de los vociferantes habituales acudiera ayer a las playas de Cataluña a arrancar las cruces de la arena.

Source: elmundo.es