Ha devuelto a la élite al Liverpool con carisma y

Jürgen Klopp, religión en Anfield


Ha devuelto a la élite al Liverpool con carisma y resultados

Su debilidad como entrenador son las finales

La charla de 2016 donde Klopp presagió esta final

Ni al inicio, ni a mitad de camino. No hay nada como una despedida para medir la categoría de una persona. Ocurre en el amor, en el trabajo y en el fútbol. Jürgen Klopp salió del Westfalenstadion como un héroe en mayo de 2015. Aún no sabía su destino, pero necesitaba otro reto y los hinchas del Dortmund le dijeron adiós por todo lo alto. Bufandas con su cara, camisetas con su nombre y un mosaico enorme: "Gracias, Jürgen". Meses después, se presentaba en Liverpool como The Normal One, el tipo normal en contraposición al Special One de José Mourinho.

El alemán cae bien y cae bien a todos: los suyos y los rivales. Hoy, Klopp mola. Más que sus colegas del resto de banquillos, que acostumbran a ver el fútbol con el ceño fruncido. Él se enfada, claro. Pero al final, un abrazo le funde con sus chicos en el centro del campo. En Liverpool ya es el rey del merchandising y su palabra es religión en The Kop, la grada más popular del estadio. Agitan una pancarta con su rostro y un mensaje: "Creemos". Y lo harán este sábado más que nunca en Kiev.

"Ha hecho volar a los aficionados. Si consigue dar un paso más podría ser el inicio de algo especial, es un fuera de serie", dice Steven Gerrard. La fe ciega en él es algo difícilmente explicable con palabras, pero rezuma en cada pared de Anfield. Son sus carcajadas en las ruedas de prensa, un humor más británico que teutón, la actitud jovial y una forma única de celebrar los goles en la banda, casi como si los hubiera marcado él. Tanto ímpetu contagia. Los datos apoyan la euforia con él al mando. Desde Rafa Benítez, ningún otro técnico ha sumado mejores números. Una media de 1,86 puntos por partido, por 1,90 del español. La primera final de la Champions en 11 años y la presencia asegurada en la próxima edición son motivo casi de amor eterno.
La fortaleza mental, pilar de Klopp
"Somos fuertes psicológicamente. Estoy muy contento de estar donde estamos. Hemos hecho muchas cosas juntos y estos chicos pueden confiar en sus habilidades", explica el entrenador, un motivador que conoce bien la importancia del apartado mental. Su influencia se entiende mejor conociendo el contexto de su llegada. Al aterrizar, se encontró un club sin alma, malviviendo en décima posición. Su discurso de fútbol heavy metal caló hondo. De Dortmund trajo la presión asfixiante al rival, el juego por los costados y el contragolpe, algo sólo posible con los jugadores idóneos. Y es obvio que el equipo red los tiene. Se alimenta de forzar el error del rival y apunta a Marcelo. "Es un gran jugador en ataque, pero no defiende".

Distinto, sin miedo a desmitificar la figura de su némesis en la Premier y uno de los técnicos más valorados en este deporte: Pep Guardiola. Klopp no disimula al ligar los éxitos del catalán al nivel de sus jugadores. Y eso también le crea simpatías en algunos sectores que niegan la hegemonía del de Sampedor. "No hay grandes diferencias entre nosotros, sólo que él siempre ha tenido los mejores equipos a su disposición", dijo hace poco. Algo antes, aseguró: "De haber visto al Barça con cuatro años, me habría dedicado al tenis". Contracultural, su fútbol es otra cosa.
Punto débil: las finales
Este acérrimo defensor de dar a los británicos una segunda oportunidad para replantearse el Brexit, se define como alguien "con el síndrome de la ayuda. Me implico mucho con la gente y me siento responsable de casi todo lo que ocurre". Se refleja en su pasado, cuando intentó dedicarse a la Medicina y no le dio la nota para ello. Pero tiene un punto débil: las finales. Entre Copas domésticas e internacionales, ha disputado seis. Cuatro con el Borussia Dortmund y dos con el Liverpool. Salvo la primera, ha perdido todas. Esa racha de cinco consecutivas cayendo comenzó con la final de la Champions 2013 contra el Bayern. Perdería dos copas alemanas, contra los bávaros y el Wolfsburgo, antes de caer hace dos años contra el Manchester City en la Copa de la Liga y ante el Sevilla en la Europa League. El rock de Klopp tiene ganas de sonar fuerte, al fin, junto a un trofeo.

Source: elmundo.es