La feminista que dirige la campaña `Together for Yes` (`Juntos

Ailbhe Smyth: La sociedad irlandesa ha cambiado enormemente


La feminista que dirige la campaña `Together for Yes` (`Juntos por el sí`) vaticina la victoria en el referéndum

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La llamaban `asesina de niños`. La zarandeaban y escupían en la cara. Le dejaban notas amenazadoras en el parabrisas y bombardeaban a llamadas por las noches para rezarle por teléfono el rosario. Todo esto ocurría en 1983, cuando los irlandeses votaron en abrumadoramente (66% a 33%) en contra del aborto y Ailbhe Smyth sentía ese frío siberiano que le distanció de la familia y de los amigos por su activismo feminista.

Al cabo de 35 años, en la campaña del nuevo referéndum sobre el aborto, Alibhe Smyth no recuerda siquiera una mirada de odio o un solo insulto a su paso. Ésa es acaso la mejor muestra de todo lo que ha avanzado Irlanda a pesar del tortuoso camino.

"Cada bando ha defendido apasionadamente sus argumentos, pero ha sido una campaña inusitadamente respetuosa", recalca la activista de 71 años, al frente de la coalición Together for Yes. "En los actos de campaña y en el puerta a puerta, la actitud de la gente ha sido ejemplar. La acritud y los mensajes de odio se han limitado prácticamente a las redes sociales".

"La sociedad irlandesa ha cambiado enormemente en dos generaciones", asegura la histórica activista y académica del University College, fundadora del Feminist Open Forum y ex presidenta de la Federación Nacional LGBT (Lesbianas, Gays, Bisexuales y Transexuales). "Irlanda es ahora un país más abierto y tolerante, más próspero y educado. Aunque a veces tengo mis dudas y me pregunto si este país ha cambiado lo suficiente. Este referéndum puede muy bien ser la prueba definitiva".

"Soy muy positiva ante el resultado del referéndum: hemos trabajado duro y hemos palpado el sentir de la gente a pie de calle", agrega Smyth. "Pero no podemos ser complacientes con las encuestas y tenemos que convencer a los irlandeses y a las irlandesas a que salgan a votar, y que propicien el cambio en la urnas, como tantas otras veces".

Pese a la cercanía en el tiempo, Ailbhe Smyth marca claramente las distancias con el referéndum de los matrimonios gays en el 2015, que acabó en una celebración nacional comparable a la de la transición en España (y facilitó meses después el acenso político de Leo Varadkar, el primer ministro gay e hijo de inmigrantes indios).

"Aquella vez había grandes motivos para celebrar porque fue una especie de liberación colectiva y una puerta abierta al futuro", recuerda Ailbhe Smyth, madre y abuela de una niña de cinco años. "En este caso es muy distinto por la dimensión personal y por las ramificaciones que tiene el tema... Ninguna mujer quiere abortar sin más. Se trata siempre de una elección dolora. Las mujeres abortan por una necesidad o por unas circunstancias concretas, y de lo que se trata es de reconocer el derecho a tomar esa decisión".

Asegura Ailbhe Smyth que el cambio más apreciable en las últimas décadas es el que se ha producido en la "percepción personal" del problema: "Todo el mundo conoce a alguien, en su entorno familiar o de amigos, que ha ido a abortar a Londres. Entre 10 y 12 mujeres al día, unas 3.500 todos los años, tienen que hacer el viaje a Inglaterra y enfrentarse a una tremenda presión psicológica y a unos gastos que muchas veces no se pueden costear. Y todos los días hay también dos o tres irlandesas que deciden tomar una píldora abortiva, sin supervisión médica y asumiendo sus propios riesgos. Y eso por no hablar de otro gran riesgo: que te encarcelen y pases años en prisión".

El otro cambio social ha sido el propiciado por la pérdida de influencia de la Iglesia Católica, "que presionó en su día para enmendar la Constitución en un intento de perpetuar la prohibición del aborto". Aunque la religión sigue teniendo un peso relativo (el 78% de los irlandeses se identifican como católicos), la asistencia a misa dominical ha caído de un 91% a un 30% desde 1972, y en Dublín se queda apenas en el 14%.

La posibilidad de un voto de castigo en la Irlanda rural, comparable a lo que pasó en el Brexit, no es en principio lo que más preocupa a Ailbhe Smyth: "Si la gente sale a votar en las ciudades, y creo que hay bastante motivación, la octava enmienda pasará a la historia y habremos dado un paso muy importante para las mujeres irlandesas".

La injerencia exterior del movimiento antiabortista americano y el papel que pueden tener las redes sociales le inquieta casi más, sobre todo teniendo en cuenta los precedentes. "Parece que Google y Facebook reaccionaron a tiempo vetando la publicidad fuera de Irlanda", advierte Smyth. "Pero estamos aún en un terreno inexplorado y hay muchos ojos puestos en el resultado de este referéndum".

"Pase lo que pase, el movimiento anti-aborto no va a desaparecer", reconoce la inspiradora de la campaña Together for Yes. "La lucha va a continuar de una manera o de otra, y yo lo veo en el contexto de la capacidad de las mujeres para tomar decisiones y avanzar hacia la igualdad... Al menos esta campaña ha servido para demostrar que se puede tener un debate cívico sobre un tema que antes provocaba enfrentamientos violentos y cismas familiares".

Source: elmundo.es