La ventaja de admitirse un pequeño burgués es que resulta

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La ventaja de admitirse un pequeño burgués es que resulta difícil incurrir en contradicciones doctrinales. Cuando uno asume un papel social carente de fotogenia subversiva y de votos de pobreza a la manera de los profetas andariegos, queda a salvo de la impostura y, si sus ahorrillos se lo permiten, puede cumplir el sueño pequeño burgués por excelencia, el del chalet con parrilla de obra. Y todo ello, sin traicionar credos ni coartadas utópicas.

Antes que nada, quiero aprovechar este breve artículo para dar la bienvenida a la familia Iglesias/Montero al previsible, ordenado, gozosamente tedioso mundo de lo pequeño burgués. En una trama de barrios residenciales, como los de los cuentos de Cheever, ahora es cuando toda la familia, peinada a raya y perfumada, llamaría a la puerta de los Iglesias/Montero para hacer las presentaciones y agasajarlos con una tarta de manzana. "¡Y creíamos que ustedes sólo vendrían por aquí para llevarnos de saca!", les diríamos en broma, aliviados en realidad al comprobar que los jóvenes airados, como ocurrió ya tantas veces en la historia, apagaron el fuego de sus invectivas redentoras al verse por fin satisfechos por el ascenso social y por la apetencia de estabilidad que alcanza a todo aquel cuya vida ya sólo consiste en mantener a la prole caliente y bien provista de carne de mamut.

Simpatizo tanto con la consagración chaletera de los Iglesias/Montero que me gustaría, en adelante, defender a Pablo Iglesias de los ataques que sufrirá por parte del más rabioso de los enemigos sociales con los que puede toparse ahora: Pablo Iglesias. Porque nadie puede asegurar a Pablo Iglesias que, al cepillarse los dientes por la mañana en su chalet de La Navata, quién sabe si sintiéndose culpable por dedicar pensamientos a cuestiones tales como los aspersores automáticos para el jardín, no se verá afeado por su propio reflejo en el espejo. Que le dirá aquello, sobre lo cual Pablo Iglesias levantó un discurso germinal de la nueva política, de que ningún político que viva en un chalet periférico en lugar de en Vallecas puede decir que se entera de nada de cuanto ocurre ahí fuera. De que ningún político que se mude a un ático de 600.000 euros, aunque lo haya conseguido trabajando honradamente, puede ser considerado inocente ni, por supuesto, miembro de "La Gente". Se me hace raro pensar que todas las cosas que dijimos para contener la demagogia rencorosa de Podemos habrá que repetirlas ahora para defender a Pablo Iglesias de sí mismo. Bienvenidos.

Source: elmundo.es